José Vasconcelos

Impulsor de la educación y la cultura

Texto de Por Felipe López R.

Publicado el: 23 de Febrero, 2015

Referirse a la vida, labor, obra o pasión de José Vasconcelos Calderón (1882-1959) no es tarea fácil. Sin embargo, con motivo de su natalicio (27/02/1882), bien vale la pena –a manera de homenaje– reencontrase con el pensamiento del filósofo oaxaqueño.

Fue educador, político, abogado y escritor pero, sobre todo, ideólogo convencido de que en la educación radica el espíritu para trasformar a México en una nación verdaderamente libre y soberana, lo que en estos tiempos, en un país que atraviesa por momentos de cambios políticos y educativos trascendentales, invita a la reflexión.

La agitada infancia que vivió, como hijo de un agente aduanal, le permitió salir de su natal Oaxaca y conocer la cultura del país en su paso por Piedras Negras, Sonora, Toluca, Durango, Campeche y la Ciudad de México, además de entrar en contacto con la ideología estadounidense durante su estancia en Eagle Pass, Texas.

Como hombre de ideales, el estudiante de leyes mostró su inclinación por la reflexión política y social, pero también filosófica, lo que lo llevó a ser uno de los promotores del Ateneo de la Juventud, agrupación en la cual participarían los intelectuales más sobresalientes en diversas áreas del conocimiento humano, entre los que figuraron personajes como Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, Martín Luis Guzmán, Alfonso Cravioto, Saturnino Herrán, Ricardo Gómez Robelo, Jesús T. Acevedo, Federico Mariscal, Nemesio García Naranjo, Alberto J. Pani, Diego Rivera, Julio Torri, Luis Cabrera, Manuel M. Ponce, Alfonso Pruneda, entre algunos otros. Martha Robles, especialista en la vida y obra de Vasconcelos, señala: “Las instituciones que se fundaron en ese entonces [en los años veinte], como el Ateneo de la Juventud, crearon las bases en las cuales descansamos las generaciones actuales”.

© Archivo General de la Nación

© Archivo General de la Nación

El modelo educativo mexicano

Vasconcelos decía que había que reconocer “lo mexicano”, estudiarlo y difundirlo. A partir de ello, se podría formar un esquema de educación mexicano, sin necesidad de copiar los modelos extranjeros, tanto en organización escolar, contenidos y métodos educativos.
Creía que la escuela mexicana ayudaría a develar, desenvolver y desarrollar las capacidades de los mexicanos, para devolverles la confianza en sí mismos y abandonar el complejo de inferioridad. Los tres principios en los que se sostendría este esquema eran la educación física y el desarrollo del cuerpo humano; fomentar la disciplina, no sólo para el desarrollo laboral, sino para el control de los malos hábitos; y la sana alimentación, la higiene, la salud y el respeto por la naturaleza.

Defensor del hispanismo

Su infancia marcó el destino del educador, pues sus experiencias en diversas regiones de la República Mexicana y su estancia en Estados Unidos despertaron en él una incuestionable pasión por México, su cultura y su gente. En Ulises criollo, testimonio de sus experiencias, describe las relaciones entre Norteamérica y México: “Fue un extraño amanecer. Desde nuestras camas, a través de la ventana abierta, vimos sobre una ondulación del terreno próximo, un grupo extranjero de uniforme azul claro. Sobre la tienda que levantaron, flotaba la bandera de las barras y las estrellas. De sus pliegues fluía un propósito hostil. Vagamente supe que los recién llegados pertenecían a la comisión norteamericana de límites. Habían decidido que nuestro campamento con su noria, caía bajo la jurisdicción ‘yankee’ y nos echaban: –‘Tenemos que irnos’– exclamaban los nuestros. ‘Y lo peor –añadían– es que no hay en las cercanías una sola noria; será menester internarse hasta encontrar agua.’ Perdíamos las casas, los cercados. Era forzoso buscar dónde establecernos, fundar un pueblo nuevo…”.

© Harris & Ewing, Collection Library of Congress

© Harris & Ewing, Collection Library of Congress

A partir de la década de los veinte, Vasconcelos criticó tanto la injerencia política como cultural de los norteamericanos, considerándola un peligro en la identificación del hispanismo, pero además, en Ulises criollo describe a un niño que de ninguna manera está orgulloso del pasado indígena.
Para el final de su vida, el pensador mexicano se vio asaltado por la amargura y el desencanto por ver a su patria estancada. El México que lo inspiró en el pasado, se convertiría, para él, en un país de sumisos.

Conoce más del primer secretario de Educación Pública en: http://www.mexicanisimo.com.mx/tienda/numero-77/#revista-77

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