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Museo Dolores Olmedo
Espacio de Diego y Frida

Fotos: Yahel Leguel y Karina Flores

Los xoloitzcuintles son un ícono del museo. Actualmente son la onceava generación, descendientes de Nahual, Tlaloc y Citlalli, los primeros perros que tuvo Dolores Olmedo.

imagen El amor a la belleza y la absoluta convicción de rescatar la obra de Diego Rivera fueron las razones por las que Dolores Olmedo se convirtió en la principal coleccionadora de obras del maestro Rivera y en una de las grandes mecenas del siglo XX. Doña Lola ocupó un lugar primordial en el siglo XXI como una de las grandes personalidades que aportaron para el patrocinio y preservación de nuestros artistas.

Doña Lola
Dolores Olmedo Patiño nació en Tacubaya, Ciudad de México, el 14 de diciembre de 1908. Su padre murió cuando ella tenía seis años y la dolorosa experiencia moldeó su habilidad para recuperarse y perseverar. Su madre, María Patiño Suárez –de la cual Lola aprendió a ser muy liberal y comunitaria–, fue una de las primeras maestras egresadas de la Escuela Normal, fundadora de una de las primeras escuelas primarias al aire libre y siempre estuvo vinculada a los intelectuales de la época, a los que Dolores conoció desde joven, como los poetas del grupo de los contemporáneos, Salvador Novo y Xavier Villaurrutia; escritores como Jaime Torres Bodet; filósofos como José Vasconcelos y Antonio Caso; músicos como Julián Carrillo, Luis Sandi, Manuel M. Ponce y Carlos Chávez; políticos como Narciso Bassols; y los pintores Joaquín Clausell, Alfredo Ramos Martínez y Germán Gedovius.

En 1928, Dolores Olmedo, de veinte años, conoció a Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública, donde el maestro pintaba sus murales. Fue un breve pero significativo encuentro que comenzó una gran amistad y marcó el destino de ambos. A Rivera le llamó mucho la atención Lola y le pidió a su madre que la dejara posar para él. Diego tomó algunos apuntes de Dolores y, más tarde, realizó 26 o 27 dibujos al desnudo de Olmedo. Uno de ellos lo seleccionó para regalárselo a su joven modelo y otros más los aplicó en una de las escaleras de la Secretaría.
Lola comenzó a estudiar leyes pero lo dejó para cursar una carrera artística en la Academia de San Carlos. Sin embargo, se dedicó mayormente a los negocios. Primero incursionó en la industria de la construcción, con un horno de ladrillos en Naucalpan, que con el tiempo se convirtió en IndustriaCerámica Armada, una empresa que tuvo gran

En el museo también se exhiben las habitaciones privadas de Olmedo, para poder apreciar la vida y trayectoria de esta notable mujer.

relevancia en el sector, al constituirse como Compañía Inmobiliaria y Constructora S.A.
Doña Lola, en palabras de su hijo, Carlos Phillps, “tenía una personalidad tremenda, era liberada, traviesa y coleccionaba desde novios hasta piedras. Por eso, cuando tuvo dinero hizo la colección que hizo de Diego, de Frida y de arte prehispánico. Doña Lola, si algo le gustaba, no compraba uno, sino que comenzaba a comprar colecciones. Era, también, muy divertida, muy vanidosa, muy femenina, siempre estaba arreglada, no salía de su cuarto si no se había pintado, muy coqueta y muy noviera; era un personaje muy especial”.
  El Museo Dolores Olmedo promueve y difunde la obra de Diego Rivera y Frida Kahlo, en particular, así como la cultura mexicana, en general.

Olmedo coleccionista
En 1954, tras la muerte de Frida Kahlo y después de varios años de haberse distanciado, Rivera y Olmedo volvieron a encontrarse. Esta vez la amistad sería más estrecha y duraría hasta el final de la vida del pintor. En ese momento, doña Lola adoptó a Diego, le empezó a comprar obras y lo recibió en su casa de Acapulco porque en ese momento Rivera ya estaba en tratamiento contra el cáncer. En 1955, bajo la tutela de Diego Rivera, Lola comenzó a comprar obra del muralista: Retrato de Lola Olmedo (La tehuana), Retrato de Irene Phillps y una serie de dibujos. En 1956, el propio Rivera le entregó una lista de diez cuadros en los que señaló a El matemático como una de sus mejores obras. Dolores Olmedo compró siete de las diez obras. En 1959, compró doce cuadros más, del periodo español y cubista de Diego, en una subasta de la Park Benet Gallery de Nueva York. Doña Lola había adquirido durante suvida obra de importantes pintores como Soriano y Anguiano que, sin embargo, fue vendiendo para poder comprar más Rivera. A la muerte de Diego, en 1957, Lola había adquirido 50 obras de Rivera y, hasta antes de morir, llegó a juntar unas 130, que hoy en día han llegado a 148 porque el museo siguió comprando.
A la par, Olmedo fue creando una colección de arte precolombino, orientada también por el propio Rivera, que para 1972 ya había crecido a una colección de 800 piezas arqueológicas mesoamericanas.
En 1955, al morir Eduardo Murillo, un gran amigo de Frida, doña Lola compró su colección de Frida Kahlo, la cual consta de 26 cuadros, entre los que destacan La columna rota, Hospital Henry Ford, Autorretrato con changuito, Unos cuantos piquetitos y Mi nana y yo.


El museo

Su talento para los negocios, su buen ojo como coleccionista y su determinación por acrecentar el patrimonio cultural de México, la llevaron a conseguir una meta admirable que benefició al pueblo mexicano: la construcción del Museo Dolores Olmedo, en el casco de la Hacienda de la Noria, que Olmedo había adquirido en 1962 para ocuparla como domicilio privado. Este inmueble, construido en el siglo XVI, había tenido varios usos a lo largo de la historia: primero como propiedad agrícola y, luego, como campamento de las tropas zapatistas durante la Revolución. Olmedo restauró la hacienda para habitarla y, años más tarde, legarla como museo al pueblo de México, igual que lo había hecho su amigo Diego con los museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli, de los cuales, Dolores Olmedo se hizo cargo desde la muerte del muralista.

Doña Lola comenzó a coleccionar obra de Diego Rivera en 1955 y hoy en día su museo tiene la colección más importante de Rivera con 150 obras.
Doña Lola era amante de los animales. Tuvo pavos reales, xoloitzcuintles, venados y flamingos, entre otros.
El 17 de septiembre de 1994, Lola abrió su casa como Museo Dolores Olmedo. En él expuso toda su colección pictórica, prehispánica y popular, y además continuó con la tradición de colocar anualmente una ofrenda de muertos. Rodeado de hermosos jardines que incluyen una gran variedad de plantas de origen mexicano y animales entre los que destacan pavos reales y xoloitzcuintles, el museo es un espacio que exalta la mexicanidad y que se ha vuelto un lugar indispensable para entender una significativa parte del arte mexicano del siglo XX. “La idea del museo –comenta Carlos Phillips– nació hacia el final de la vida de Diego Rivera, porque cuando doña Lola compró los cuadros de Frida, Rivera le dijo: ‘si usted piensa algún día hacer un museo, esta colección va a ser muy importante porque Frida va a ser muy importante como pintora’”.
Actualmente se expone la colección Diego Rivera, que consta de 148 obras; la colección Frida Kahlo de 26 cuadros; la colección Angelina Beloff de 40 grabados; 900 piezas de la colección de arte
 
La colección de arte
popular cuenta con alrededor de 3,000 piezas.
 

 
prehispánico; 3,000 piezas de la colección de arte popular; y 11 santos estofados de la colección de arte virreinal. Además, se exhiben objetos que formaban parte de la decoración de la casa cuando Lola la habitaba: marfiles, porcelanas y pinturas. Asimismo, con la finalidad de que el público conozca aspectos de la vida y obra de Olmedo, se presentan fotografías, dibujos, retratos, caricaturas y documentos que permiten apreciar la trayectoria de Olmedo dentro de la vida del México del siglo pasado.
Hoy, la principal función del museo es promover a Diego y a Frida, promover el arte mexicano y promover nuestra cultura, y es, sin duda, uno de los museos más bellos que hay en este país.


Museo Dolores Olmedo

Av. México #5843, La Noria, Xochimilco
55 55 10 16 • www.museodoloresolmedo.org.mx
www.facebook.com/museodoloresolmedo
Agradecemos a la Dirección de Comunicación y Relaciones Institucionales, por la información proporcionada para la elaboración de este artículo, así como la entrevista con el licenciado Carlos Phillips Olmedo, hijo de doña Lola y actual director del museo.

 


 

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