Me quiere, no me quiere
Dedicado a Margarita Ávila, encantadora de flores
Dr. Carlos Galindo Leal |
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 Las flores son un exquisito regalo para la vista y para el olfato, aun cuando los seres humanos tenemos limitaciones en nuestra percepción, en comparación con otros animales. Por ejemplo, con su visión de luz polarizada, los insectos pueden ver pistas de aterrizaje en los pétalos de las flores, que para nosotros son completamente invisibles.
Las flores aparecieron por lo menos hace 125 millones de años. Previo a su aparición, el mundo era discreto y la gran mayoría de las plantas eran polinizadas por el viento o por el agua. Con esta innovación, el mundo de las plantas se desató las trenzas y se entrelazó aun más intrincadamente con el de los animales. Las flores, con sus hermosas y atractivas formas, colores y olores, conquistaron a abejas, hormigas, mariposas, reptiles, aves y murciélagos, y la escala espacial del intercambio genético para las plantas cambió radicalmente. Por un poco de néctar, su polen sería transportado enormes distancias. La innovación ha sido muy exitosa y la moda se impuso desde entonces. Actualmente el 90 por ciento de las plantas del planeta, alrededor de 250,000 especies, pertenecen al grupo de plantas con flores (Angiospermas o Magnoliophyta). El otro 10 por ciento lo integran descendientes de la vieja generación: musgos, helechos, cícadas y pinos. El grupo de las angiospermas, del latín angi, “encerrada”, y del griego sperma, “semilla”, se divide a su vez en dos grupos: las magnolias y margaritas (Dicotiledóneas o Magnoliopsida) y los pastos y palmeras (Monocotiledóneas o Liliopsida). En el primer grupo, las familias más diversas son las Compuestas (Asteraceae: 23,000 especies), las leguminosas (Fabaceae: 19,000 especies) y la familia del café (Rubiaceae: 13,000 especies). En el segundo grupo, las familias más numerosas son las orquídeas (Orchidacea: 22,000 especies) y los pastos y cereales (Poaceae: 10,000 especies).
La familia de las Compuestas, la más diversa del planeta, también conocida como Asteracea (del griego Aster, “estrella”), incluye principalmente a humildes hierbas. El nombre “Compuestas”, viene del hecho de que sus flores parecen una sola, aunque están compuestas por una gran cantidad de pequeñas florecitas que en conjunto se conocen técnicamente como “capítulo”. El centro del capítulo tiene florecitas en forma de tubo y está rodeado en su orilla por flores con un pequeño pétalo. Estos pétalos de distintos colores son los que atraen a los insectos polinizadores (mariposas, abejas, moscas, escarabajos). Entre los ejemplos más conocidos están los hermosos mirasoles, girasoles, crisantemos, margaritas y algunas especies netamente mexicanas como las dalias y el cempasúchil. Sus pequeños y ligeros frutos con una estructura en forma de paracaídas son dispersados por el viento, como en el conocido diente de león (Taraxacum spp.), envidia de los arquitectos.

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Bellas y populares
La dalia (Dahlia sp.), conocida entre los aztecas como xicaxochitl, del náhuatl, xicama, “camote” y xochitl, “flor”, ya que se reproduce por bulbos, fue declarada en 1963 la flor nacional de México. También se le conocía como cohuanenepilli (tallo hueco con agua) o acocoxóchitl (flor doble con forma de pelota). Fue descubierta por Francisco Hernández, médico de Felipe II, en los jardines de Moctezuma (1466-1520). Más adelante fue bautizada en honor a Andreas Dahl (1751-1789), alumno de Carlos Linneo. México es su centro de origen y diversificación con alrededor de 30 especies endémicas. Sin embargo, su exportación a Europa tuvo tanto éxito que a la fecha existen más de 15,000 formas desarrolladas por selección artificial.
El cempasúchil (Tagetes erecta), del náhuatl, cempoalli, que significa “veinte” y xochitl, “flor”, es la flor de color amarillo o naranja, preferida para celebrar el día de muertos. Esta especie, también originaria de México y Centroamérica, ha viajado por el mundo y tiene gran popularidad en Asia y en Rusia. En México, su centro de origen, es ampliamente utilizada desde tiempos prehispánicos, en la decoración de altares y tumbas, y también como alimento y perfume. Como medicina se usa para eliminar parásitos, diarreas, dolores de estómago, indigestión, dolor de muelas y enfermedades del hígado. Además, comúnmente la flor se utiliza en la alimentación de las gallinas para darle color a las yemas de los huevos. |
| Cempasúchil. |
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Sabrosas y nutritivas
Entre las compuestas más populares como alimentos están las hojas de la lechuga (Lactuca sativa) y las flores de la alcachofa (Cynara scolymus). Al parecer, la primera tuvo su origen en el Mediterráneo en donde ya se consumía desde hace más de 2,500 años por persas, griegos y romanos. Su nombre proviene del latín laca, que significa “leche”, por el jugo (lactucarium) que la planta segrega. Aunque hay cientos de variedades de lechuga, generalmente se consideran seis grandes grupos: mantecosa, china, iceberg, de hojas sueltas, romana y batavia. En México, la mayor superficie del cultivo de lechugas sucede en los estados de Guanajuato, Puebla, Zacatecas y Baja California Norte. Las lechugas son fuente importante de vitamina A y ácido fólico y desde la antigüedad se conocían sus propiedades inductoras del sueño. Sus semillas se utilizan como antiinflamatorios y analgésicos.
La alcachofa (Cynara scolymus) también procede del Mediterráneo y noroeste de África y es pariente de los cardos. Su nombre viene del arábigo Ardi-Shoki, que significa “suelo espinoso”. Los griegos las llamaban kaktos, de donde proviene el nombre de las cactáceas, aunque no están emparentadas. Además de lo sabroso de sus flores capeadas con huevo y salsa de tomate, mucha gente la utiliza con fines medicinales en forma de té, para tratar cálculos biliares y diabetes. De las alcachofas también se produce un licor italiano conocido como Cynar. El 90 por ciento de la producción mundial de alcachofas sucede alrededor del Mediterráneo.
El pariente incómodo de la alcachofa es la alcachofa silvestre (Cynara cardunculus), una especie originaria también del Mediterráneo, introducida en nuestro país, que ha invadido regiones de pastizales áridos de Coahuila, Michoacán, Puebla y Querétaro. Esta especie invasora también crece en campos de cultivos, en sitios perturbados y reduce la vegetación nativa con impactos en la productividad de los potreros.

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Coloridas y aceitosas
El girasol (Helianthus annuus), conocido en náhuatl como chimalitl o chimalxochitl, que significa “escudo”, o acahualli, “gigante”, fue venerado por aztecas y otomíes. Esta plantas y muchos de sus parientes son originarios de Norte América, particularmente del norte de México y oeste de Estados Unidos. Su nombre se debe a que el gigantesco capítulo gira siguiendo al sol. Su cultivo se inició hace más de cuatro siglos (2600 a.C.) y se usaba en la producción de harinas, aceite y pigmentos. Actualmente, se utiliza en la producción de aceite, pero también por sus propiedades medicinales y ornamentales. A nivel mundial, Rusia es el primer productor de girasol y esta flor ha colonizado la cultura rusa. En México, aún se le puede encontrar en forma silvestre en muchos estados de la República.
Por mucho tiempo, el cártamo (Carthamus tinctorius) fue cultivado para producir colorantes (amarillos y rojos), de ahí su nombre científico. Posiblemente originario de la India, los egipcios lo utilizaban para teñir sus textiles y sus productos se han identificado en la tumba del faraón Tutankamon (reinó de 1336 a 1327 a.C.). De hecho, en ocasiones aún se utiliza como sustituto económico del azafrán (Crocus sativus). A partir de los años cincuenta, los cultivos empezaron a enfocarse en la producción de aceite. También se utiliza en la elaboración de pinturas, esmaltes y jabones. Actualmente, México es uno de los principales productores de cártamo y se cultiva en Sonora, Aguascalientes, Jalisco, Tamaulipas, Guanajuato y Zacatecas.
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Medicinales y condimentadas
De una inmensa cantidad de especies de compuestas se obtienen remedios medicinales caseros, entre ellas podemos mencionar la chicura, cebollina, milenrama, hawayche, yerba del ángel, estafiate, ajenjo, árnica, escoba, jarilla, azumiate, cardo, dalia, gordolobo, cabezona, cadillo, capitaneja, hierba del toro, cinco llagas, diente de león, Santa María, anís, cempasúchil, lechuguilla, ojo de gallo, lengua de vaca, Mariola, guaco, manzanilla, tabaquillo, pata de león, cocopite, jaral de Castilla, matarique y té de milpa. La reciente Biblioteca digital de la Medicina Tradicional Mexicana incluye una inmensa cantidad de información sobre el uso de cientos de nuestras plantas medicinales (www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx).
El estafiate (Artemisia ludoviciana), conocido como iztauhyatl, está asociado al rayo. Solamente los viejos pueden
utilizarlo para hacer limpias y curar el tradicional “mal de ojo”, “caída de mollera” y los “malos aires”, pero todo el mundo lo utilizamos para curar cólicos, retortijones y dolores de estómago. Su sofisticado pariente, el estragón (Artemisia dracunculus), es utilizado ampliamente como especia en la cocina francesa.
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Cardo. |
Otra compuesta famosa es la manzanilla romana o común (Chamaemelum nobile), originaria de Europa y flor nacional de Rusia. Esta planta es ampliamente utilizada en forma de té por sus propiedades químicas. Se considera digestiva, sedante, vasodilatadora y antiespasmódica.
Las compuestas nos dan una muy buena idea de la dependencia de nuestro bienestar obtenido del mundo natural, las utilizamos todos los días de una gran cantidad de formas sin ni siquiera darnos cuenta. Su valor es ecológico, económico, científico, estético y espiritual. La próxima vez que se te cruce una margarita en el camino, aprovecha para agradecerle todos los servicios que has recibido de ella.
Dr. Carlos Galindo-Leal. Es director de Comunicación Científica de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, CONABIO. Es ganador del reconocimiento “Mentes Quo + Discovery 2010”. |
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