 |
Los bigotones
Luis Jorge Arnau Ávila |
 |
 |
 Por razones inexplicables, de esas que abruman nuestra geografía, en México parece haber una extraña predilección por los hombres bigotones.
Dicen que el bigote ha sido considerado, históricamente, como símbolo de hombría, inteligencia, autoridad o refinación. También, para muchos, es símbolo de flojera, de descuido o de franca presunción. Puede ser. Y puede no ser. O sea que, la verdad, el bigote sirve para todo y no sirve para nada, o lo que es lo mismo, con bigote puedes ser muy macho... y sin bigote también.
A diferencia de muchos animales, a quienes el bigote les ayuda a calcular distancias e, inclusive, a mantener el equilibrio, a los hombres les sirve, únicamente, para guardar restos de comida. Lo demás (estatus, aspecto sexy, nivel, poder, moda, riqueza, desparpajo) es mera ilusión. Algunos lucen mejor, otros se ven deplorables; unos se ven más jóvenes y otros más viejos; unos parecen galanes y
otros son olvidables; unos disimulan la trompita
y otros la exageran; hay los que se ven elegantes y los que parecen pordioseros... en fin, el bigote no permite sacar conclusiones estadísticas de nada.
|
 |
 |
A través de la historia, importantes mexicanos han hecho del bigote su carta distintiva y su herramienta de conquista; otros, han mostrado su desaliño y su poca atención a la elegancia. Hoy queremos recordar a los “bigotones hasta la muerte”, parte de nuestras tradiciones, y por eso deseamos integrarlos a la clasificación que íbamos a llamar “Mexicanos bigotones famosos” pero, como sabemos que el término “famoso” es imposible de definir y que hoy cualquier desarrapado sale en la tele o es diputado o dice que es pintor aunque no ha vendido ni un cuadro (es más famoso el taquero de una esquina que el galán de moda que desaparecerá tras su novela), optamos, para no discutir, con decir que son “Mexicanos bigotones conocidos”.
Para simplificar nuestro inútil estudio no hablaremos de quienes además tenían barba, como Madero y Carranza. Ellos tendrán que esperar por otro artículo.
Esta clasificación es 30 por ciento taxonómica, 30 por ciento psicológica, 30 por ciento accidental y 30 por ciento científica; o sea, es 120 por ciento precisa (más o menos). Van ahora, para ustedes, nuestros grupos “bigotiles”, muchos de ellos sugeridos por nuestros amigos de Facebook:
El tercermundista: En este grupo, evidentemente lidereado por Cuauhtémoc –quien tenía seis pelos a cada lado del cachete– están aquellos de manchas incipientes bajo la nariz, a los que lo único que les sale bien... son los deseos. Se unen a este grupo algunos adolescentes, Cantinflas, Clavillazo y el gran Madaleno. |
 |
Sin miserias: El poseedor de este tipo de bigote (pachón, tupido, sólido) es tal vez nuestro bigotón número uno: Emiliano Zapata. Aunque no es el único. Podemos agregar en este grupo a Felipe Ángeles, Ricardo Lavolpe, José Ángel Llamas, Javier Alatorre y Pedro
Armendáriz Jr.
El parejito: Ni tan grueso ni tan ralito, ni tan largo ni tan corto, digamos que tiene el tamaño adecuado. Aquí sobresalen Tin Tan, Jorge Negrete, Manlio Fabio Beltrones, la “Tota” Carbajal, Carlos Fuentes, Jaime Sabines y Carlos Santana.
El expansivo: Eternamente deseoso de salirse de control y con unas ganas enormes de tener la longitud del mostacho de Dali. Tiende a ser desperdigado, rudo, como macho en celo. Aquí aparecen Pancho Villa y Vicente Fox, aunque también Amado Nervo, el cantante Ramón Ayala, Joaquín Pardavé, Álvaro Obregón, el escritor Rafael Ramírez Heredia, el “Tuca” Ferreti, Don Ramón y Colosio. O sea, que hay de todo.
El indeciso (¿me lo dejo más largo o me lo dejo más corto?): Quiere ser discreto pero también llamativo; desea ser evidente pero todavía no se anima. Nada más vean las fotos de Lázaro Cárdenas y Carlos Slim, y me entenderán.
El flaquito: Educado para parecer del siglo pasado. Apenas una línea sobre la boca, como si fuera un bigote a dieta. Pedro Infante, Javier Solís, Vicente Fernández, Mauricio Garcés, Viruta y Capulina.
El accidental: Su portador es aquel a quien le encanta disimular, como si no se hubiera dado cuenta de que no se afeitó. A los aspirantes a metrosexual les encanta. “¿Bigote yo? No puede ser, me rasuré hace apenas dos horas.” Muchos de estos candidatos son veleidosos y con frecuencia terminan rasurándose, o sea que en este grupo entran todos los que alguna vez intentaron (desearon) ser barbones.
El compensador: Les encanta a los calvos. Es algo así como un premio de consolación. ¿Ejemplos? Carlos Salinas de Gortari, Victoriano Huerta y Andrés Bustamante, el “Güiri Güiri”.
Si en tu fototeca particular tienes bigotones conocidos, te invitamos a compartirlos con nosotros, nada más no propongas a tu tía Anastasia ni al chofer de tu vecina. No importa que se trate de seis pelos dispersos o una mata enorme, finalmente, excepto en el amor, es un hecho que el tamaño no importa.  |
|
|