Qué viva México Texto: Alejandro Toussaint
Fotos: Cineteca Nacional
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 Una mirada que se deja sorprender por el colorido y musicalidad de una tierra que hasta entonces le era prácticamente desconocida. Una conciencia extranjera que se queda atónita al tratar de comprender la particular manera que tenemos los mexicanos de relacionarlos con la muerte, de representarla, de hacerla símbolo y, concretamente, de “festejar” el Día de los Muertos. Un ojo que trata de asir la multiplicidad y diversidad de la sincrética cultura mexicana. Un espíritu que mira cómo se distiende el tiempo en el México posrevolucionario donde convergen momentos históricos tan disímbolos desde los tiempos prehispánicos hasta los modernos o la arquitectura maya y la virreinal o la Serpiente Emplumada y Pancho Villa. Cuando una persona vive esto podría quedarse maravillada con la experiencia, pero si esa persona es uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el resultado es uno de los filmes más emblemáticos dentro del cine mexicano, aun a pesar de que éste no se haya filmado en su totalidad ni haya sido editado por su autor.
Una mezcla de etnografía, política, paisajes y surrealismo, la película Qué viva México, del gran director ruso Sergei Eisenstein, está compuesta por una serie de secuencias dedicadas al edénico Tehuantepec, a la lucha entre peones y hacendados, a la fiesta brava, al rito guadalupano y al Día de los Muertos; es una de las cintas inconclusas más famosas en la historia del cine y uno de los grandes filmes del autor ruso, al lado de obras legendarias como El acorazado Potemkin (1925) o Iván el Terrible (1944).
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Los filmes de Eisenstein de la década de los veinte, especialmente El acorazado Potemkin, le habían dado un gran reconocimiento a nivel mundial. En agosto de 1929, después de haber terminado el rodaje de La línea general, el cineasta ruso salió de Moscú para asistir a diversos congresos cinematográficos en Europa, acompañado por su camarógrafo, Eduard Tissé, y su asistente, el director Grigory Alexandrov. Finalmente llegaron a Hollywood donde firmaron un contrato con Paramount
Pictures para realizar un par de películas. Sin embargo, Eisenstein no se entendía con los productores hollywoodenses y ambos proyectos fueron rechazados. Sin embargo, en ese momento fueron invitados por el escritor Upton Sinclair para realizar un filme sobre México, un país que les resultó misterioso y apasionante. |
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Sergei Eisenstein estaba particularmente interesado en el folclor mexicano, en las festividades del Día de Muertos y en las ruinas de Chichén Itzá. |
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El director soviético pensó que éste era un país inusual que merecía una película igual de inusual: una historia trágica contada sin actores ni locaciones ficticias. El equipo se emocionó y comenzó el rodaje de la película el 11 de diciembre de 1930. La filmación dio inició en Tacuba y continuó el día siguiente en la Villa de Guadalupe, retratando a los indígenas que llegaban para celebrar las fiestas guadalupanas. Viajaron durante dos meses filmando por toda la República y Diego Rivera, David Alfaro Siquerios y José Clemente Orozco fueron sus guías y maestros en el país. Se sorprendieron al ver vestigios del México prehispánico separados por pocos kilómetros de espacios de la Conquista y del México moderno. De ahí, que Eisenstein concibiera su película como un sarape: “¿Usted sabe lo que es un sarape? Un sarape es la manta listada que lleva todo el indio mexicano, el charro mexicano, todos los mexicanos, en una palabra. Y el sarape podría ser el símbolo de México. Igualmente listadas y de violentos contrastes son las culturas de México, que marchan juntas y, al mismo tiempo, media un abismo de siglos entre ellas”.
La idea original de Qué viva México constaba de varias partes, donde el todo tendría que dar como resultado un colorido filme-sinfonía sobre México. El proyecto consistía en un prólogo sobre el México precolombino, cuatro episodios
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Qué viva México fue concebida como una película que debía retratar la evolución social de México desde la antigüedad hasta el México de los treinta, que Eisenstein veía como un país moderno y progresista, de libertad y oportunidades. |
(“Sandunda”, una boda indígena en Tehuantepec; “Maguey”, el trabajo indígena en una hacienda porfiriana; “Fiesta”, sobre un torero; y “Soldadera”, sobre las mujeres revolucionarias, del cual nunca se filmó nada) y un epílogo sobre el Día de los Muertos.
La película que estaba planeada para filmarse en un par de meses se fue postergando, lo que produjo el disgusto de Sinclair, quien era el productor y quien consiguió boicotear el filme y quedarse con la totalidad del material filmado, por lo que Eisenstein no pudo llevar a cabo el final ni la edición de su magistral proyecto mexicano.
Sin embargo, con dicho material se hicieron diversos montajes por distintos productores: Thunder Over Mexico (1933), Death Day (1934), Eisenstein en México (1934), Time in the Sun (1956). En 1977, Alexandrov logró que le devolvieran el material y construyó su versión de la manera en que la había concebido y planeado junto con Tissé y Eisenstein, basándose en el guión original y en unos dibujos que había realizado el propio Eisenstein.
Qué viva México es un homenaje al pueblo mexicano, a su cultura, a sus costumbres y tradiciones; es un encuentro con artistas como los muralistas, el grabador José Guadalupe Posada, los fotógrafos Manuel Álvarez Bravo y Tina Modotti; es uno de los proyectos fílmicos más importantes en la historia del cine nacional; es una de las grandes películas integrada como un sarape, como una sinfonía compuesta como Diego Rivera pintaba un mural. |
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