
En el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se puede observar una interesante obra muralística con obras de José Clemente Orozco, Rafael Cauduro, Santiago Carbonell, Leopoldo Flores, Luis Nishizawa e Ismael Ramos.
En 1941, el insigne muralista José Clemente Orozco fue el primero en crear un mural, titulado Las riquezas nacionales, engalanado con una frase en latín, cuya traducción es: “De la ley suprema siervos somos para poder ser libres”.
En la obra Caminos de palabras y silencios, de hombres y mujeres, de recuerdos y olvidos, Santiago Carbonell exalta al hombre y a la mujer comunes, a los olvidados, a los personajes desconocidos, a los seres anónimos.
La obra de Leopoldo Flores, La Justicia, Supremo Poder, hace alusión a la Revolución Mexicana. En su mural aparece un conjunto de equinos, animal significativo en la Conquista, la Independencia y el movimiento social de 1910.
Maestro de generaciones de universitarios, el muralista Luis Nishizawa embarca al espectador en un viaje imaginario con su obra La Justicia, que inicia en la impartición de ésta en el mundo prehispánico.
Una mujer que aparenta entrar al mural, donde la espera una figura masculina con los brazos abiertos en señal de ayuda, es parte de la obra La Búsqueda de la Justicia, del maestro Ismael Ramos.
Finalmente, el muralista Rafael Cauduro utiliza una singular técnica en su obra La Historia de la Justicia en México, que incluye maderos, y en cuyos espacios se reflejan los vicios históricos de la justicia.
