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Chrome
Bertha Kolteniuk
Texto y fotos: Begoña Zorrilla

La experiencia de la nieve y el cambio estacional, contundente en sus gestos y precisiones, acotaron el ejercicio plástico de la pintora mexicana Bertha Kolteniuk, a lo largo de sus siete años de estancia en el extranjero. Aunado a ello, la soledad y el aislamiento que violentaran su carácter latino en aquellas tierras, tuvo por desenlace el acrecentamiento de su conciencia plástica y el intimismo a que somos invitados en la instalación titulada Chrome. Recorremos en ella, a nuestra sazón, el espacio entre cuatro prismas rectangulares de dos metros de largo cada uno, hechos en madera y expuestos verticalmente. Podemos disfrutar de sus paredes, foros de presentación de siete colores por lado, dando un total de 112 distintos valores tonales conseguidos en óleo sobre recuadros regulares que atestiguan temperaturas, sabores, texturas y espacialidades de colores específicos. Colores que son documentos vivos de un instante particular del transcurso del tiempo en la vida natural. Bertha los alcanza tanto por su observación incisiva de la naturaleza en el ansia mística de apresar la luz, como por su labor artesanal exhaustiva, pulcra y apasionada.
El proceso de trabajo que se resume en Chrome, intuitivo y sensual, inició con el primer encuentro de Bertha en un entorno nevado, frío y de encierro en todos los órdenes de la vida. Ella eligió el yeso como metáfora de la nieve ya que le permitió por igual hundir los dedos, plantear relieves, incrustaciones, juegos adentro-afuera, luz y sombra, reflejos, develaciones, etcétera. Exploró dos años la maleabilidad del material y sus capacidades semánticas, produciendo numerosas obras blancas tras la que afloró en ella, más tarde que temprano y con desesperación, lo que define como “hambre de color”. Pero ¿cómo retomarlo? Inicialmente coloreó el yeso pero éste pierde carácter, bravura. Bertha decidió entonces, yuxtaponer al panel de yeso otro igual pero pintado con color. El resultado es espectacular, ya que yeso y color se potencian en su contraste y, por ende, en su complementariedad.
A estas definiciones, se añade el “regalo” de los límites inesperados que plantea a la creación, la impotencia para alterar el horizonte de materiales y dimensiones o formatos a los que se puede accesar en el lugar en el que se vive. Bertha hace de estas limitaciones una estrategia de lenguaje visual. “La proporción de los paneles que tenía a la mano ofrecía la posibilidad de unirlos, de repetirlos. Cada panel, un día. Un día a día, paso a paso, palabra por palabra; palabras unívocas”. Cada recuadro aparece como una palabra que se percibe de abajo para arriba o viceversa. Recordemos que nos desenvolvemos físicamente en un marco visual en el que interpretamos lo que vemos más arriba como más ligero o lejano en forma, espacio y tiempo; y más cercano aquello que se acomoda por debajo del horizonte, sea franco o virtual. El tablero de juego se completa así para Kolteniuk, y no habrá freno que valga, veremos aparecer recuadros de yeso, grafito, óleo, gouache, que toman lugar en estructuras verticales u horizontales, regulares o no, en un tránsito fluido y cotidiano. Tránsito en el que, como destino natural, surge la necesidad de “parar la vertical”, de sacar la pieza del muro y llevarla a la escultura, lo que tuvo por resultado la concepción de los prismas rectangulares que vemos en Chrome.
Si del contacto con la nieve se sobrevienen todos estos avatares que hemos descrito, podemos imaginar lo que fue para la sensibilidad de Kolteniuk el cambio de estación. Del relieve en blanco del invierno, del encierro en ropa y casa, detonó aún con frío, la temperatura nueva del color que calienta el alma. “No podemos concebir color sin clima –dice la pintora– la llegada de la primavera, la ansiedad se va llenando de brotes y renace la vida en flores. Guardas toda la ropa, porque un abrigo, sólo de verlo, te saca roña”. Tras el estallido de las flores, los verdes saturarán el verano: “pude apreciar el verde en toda su variedad, desde el verde recién nacido hasta aquel verde maduro que está a un punto de hacerse naranja”. Bertha se sometió a la disciplina más radical para lograr reproducir cada tono e intensidad. “Mi selección de colores para pintar es meramente pasional. Pinto siete u ocho trabajos al mismo tiempo en aras de alcanzar el tono que deseo fijar. Cuando lo hago, dejo registro de los pasos a seguir para volver a él, y de la fecha en que lo pinté”. Ese tono ya dicho detiene el tiempo, mi tiempo (el nuestro) y el suyo que es tal vez, el de la hoja fresca o el de su último gesto, pero ineludiblemente sí, el de una las tan ínfimas como extensas concreciones de la luz.
En Chrome, Kolteniuk no contenta con documentar un aprendizaje y exponer su labor creadora, nos hace parte de la misma, al abrir la obra a múltiples transformaciones que como espectadores podemos ejercer. Cada panel de color en estas columnas se encuentra fijado mediante imanes que nos permiten desprenderlo y reacomodarlo, reconfigurando la pieza en su conjunto y visiones posibles. Podemos así manipular estas presencias de la luz que Bertha nos concede. Pero no se trata de un juego impune, estamos llamados a ser parte y tomar conciencia, mediante el color, de la fragilidad y fortalezas de la naturaleza y por ende, de la vida en su conjunto.

Begoña Zorrilla. Es artista plástica, maestra y crítica de arte.


  Bertha Kolteniuk. Chrome, 2002-2009. Estructura de madera, 112 paneles intercambiables, pintados al oleo sobre madera.196 X 36 X 36 cms c/u. Beca del D.C. Comision of the Arts and Humanities, Washington, Estados Unidos.


 

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