Alebrijes, Oaxaca, Oaxaca © Bruno Pérez Chávez

Publicado el: 13 de Octubre, 2014

Michoacán tiene otras muchas historias que contar, historias que por el momento parecen tragadas ante tanto desencanto y violencia. Pero el rostro michoacano tiene detalles maravillosos para mostrar que la tierra de los antiguos purépechas tiene futuro.

Para reconciliarte, te sugiero un pequeño tesoro de ese estado, del cuál ya hablamos en la revista. Tratemos de dejar la prisa por un momento para entrar a Cuitzeo, un poblado a la orilla de uno de nuestros lagos más importantes, del mismo nombre, que merece unas horas para ser recorrido tranquilamente, sin amontonamientos, descubriendo sitios perfectos en cada esquina.

Hay varios caminos para llegar, pero el más bonito de ellos cruza el lago, de preferencia usando la carretera libre que parte de la autopista Toluca-Morelia-Guadalajara, a 30 kilómetros de la antigua ciudad virreinal que originariamente se llamó Michoacán, más tarde Guayangareo y después Valladolid, hoy ciudad tesoro y capital estatal. En ciertas épocas del año, el lago (que llega a medir 400 kilómetros cuadrados en temporada de lluvias) hospeda una innumerable cantidad de garzas, gaviotas y patos, un espectáculo aparte. Ya desde el cruce del lago, te recomendamos tener lista la cámara.

Como todo el país, buena parte de nuestro desarrollo mestizo se debe a los misioneros que entendieron que evangelizar no significaba destruir y pudieron amalgamar culturas distintas con gran inteligencia. La influencia de los frailes agustinos quedó en evidencia en todo el pueblo, pero particularmente en la plaza donde se encuentran la iglesia y el ex convento de Santa María Magdalena, de estilo plateresco del siglo XVI, renovado recientemente con excelentes resultados. La iglesia es de una sola nave y cuenta con una hermosa capilla abierta. El patio central del ex convento es muy bonito y alberga el Museo de la Estampa, además de pinturas al fresco –en especial El juicio final, de Fray Martín de Palacios- y los jardines, perfectos para los amantes de la fotografía. La fiesta del convento, el 22 de julio, es motivo de bailes y feria popular, por lo que es una fecha muy recomendable para olvidar el auto y recorrer las calles y plazas a pie, pues el pueblo es pequeño.

A la orilla del lago existen varios restaurantes cuyas especialidades parten del maíz (corundas, uchepos) y de la pesca local, destacando los charales, que pueden ser cocinados de muy diversas maneras. También podrás encontrar, con un poco de suerte, ancas de rana.

Las artesanías de la zona se basan en fibras vegetales con las que se confeccionan canastos, cestos, petates y sombreros.

Puedes seguir el viaje visitando los balnearios en Huandacareo o continuar a Yuriria, donde puedes dormir.

Pero, lo más importante, es no abandonar nuestro patrimonio. Acércate a ellos, visítalos, nuestro país requiere que los ciudadanos nos apropiemos de sus calles, plazas y monumentos. Ir a Michoacán es apoyar a su regeneración. Asómate y verás que la zona sigue viva, buscando su espacio y su paz. Vamos a Michoacán.

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Luis Jorge Arnau 

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