Julio Scherer García

El reportero perpetuo

Texto de José Luis Montenegro

Publicado el: 12 de Enero, 2015

Hace unos días, la escritora Elena Poniatowska publicó en el diario La Jornada una de las claves de nuestro oficio, pero más allá de anotar lo evidente, la frase se aferra a ser una máxima de la tarea comunicativa: ¿Cómo entender la realidad de México sin el periodismo de Julio Scherer García?

Quiero ser más conciso. Nuestro país rebasó el centenar de periodistas asesinados desde el año 2000 hasta abril de 2014 y se ubicó en 102, de acuerdo con cifras de la Procuraduría General de la República (PGR). Los casos más recientes de agresiones contra la prensa han sido los asesinatos de Gregorio Jiménez, reportero de Notisur; Regina Martínez, corresponsal de Proceso y La Jornada y, recientemente la desaparición de Moisés Sánchez, reportero del semanario La Unión.

Algo similar ocurría en la década de los sesenta en México. Gustavo Díaz Ordaz asumía la presidencia de la República en 1964 y, en 1968, Julio Scherer García, un joven formado a la vieja usanza asumía la dirección del periódico Excélsior, 20 años después de incorporarse al diario en calidad de mandadero.

Estas dos historias contrastan con la trayectoria de las presidencias todopoderosas, aferradas a coartar la libertad de expresión y empecinadas en desaparecer a los mensajeros. Esto sigue sucediendo una y otra vez, mientras el gremio sigue en la línea de fuego tratando de entender la realidad del país, tratando de comprender aquello que Scherer definía como “la contradicción entre el afán de someter a los escritores y la decisión de éstos de ejercer su dignidad”.

Es exasperante el hecho de que, a casi 40 años después del golpe presidencial de Luis Echeverría (1976) que logró la salida de Scherer y sus colaboradores más cercanos del viejo Excélsior, el poder político siga ejerciendo las mismas prácticas para deslegitimar no sólo a Proceso, el medio de comunicación que surgió como un verdadero contrapoder, sino también de otros que quieren y están dispuestos a alzar la voz. Río Doce, El Siglo de Torreón, El Sur de Acapulco, Noroeste de Sinaloa, sólo por mencionar algunos.

Desde su primer número, Proceso documentó las fallas y las carencias del Estado mexicano. Entendió que el apoyo de intelectuales, políticos opositores y dirigentes sociales darían cabida a un contrapeso en una época donde la libertad de prensa no tenía razón de ser. No tenía por qué existir. Cómo olvidar aquella frase del ex presidente José López Portillo cuando, en los años más aciagos de su gobierno, cometió el exabrupto de ordenar el retiro de la publicidad oficial al semanario, argumentando: “No pago para que me peguen”. Desde aquellos años, aumentaron la censura y, por supuesto, los intereses políticos.

Julio Scherer 2

Hoy más que nunca son necesarias las palabras de Enrique Maza, primo hermano de Scherer, quien en la primera edición de la revista (“Organizar la felicidad”, Proceso 1, 6 de noviembre de 1976), escribió: “Para que la actividad política sea tal, tiene que alcanzar, no sólo con el deseo y con la buena intención, sino con la efectividad de sus actos, a la sociedad entera. Pero hemos estado jugando a la política de Romeo y Julieta, que testimonian la imposibilidad de la felicidad completa, en una ciudad dividida en Capuletos y Montescos”.
La madrugada del pasado 7 de enero, falleció “el decano del periodismo mexicano”, como se refirió a Julio Scherer el periódico español El País, el reportero perpetuo que entrevistó a grandes personalidades, entre las que destacan Fidel Castro, Salvador Allende, Pablo Picasso, Augusto Pinochet, John F. Kennedy, Zhou Enlai y Olof Palme; además de reunirse en una zona serrana desconocida con el líder del narcotráfico, Ismael ‘El Mayo’ Zambada.

Como parte del universo editorial, no pude evitar sentir nostalgia por el suceso. Mantengo desde hace algunos años, una buena relación con reporteros y editores del semanario Proceso, a menudo recurro a ellos para pedirles algún consejo periodístico o simplemente beber un café en cualquier punto de la Ciudad de México.
Sin embargo, ante este panorama la pregunta es perenne: ¿Cómo entender la realidad de México sin el periodismo de Julio Scherer García? En medio de señales ominosas, entre las cuales la información y la crítica pública pudieran parecer exóticas o peligrosas, surge el estilo único del fundador de Proceso, la pluma que hará falta, el “¿por qué?” luego de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco; las historias del poder detrás de la familia Salinas; la vida en las cárceles de máxima seguridad y, por supuesto, historias del crimen.

En los últimos años, dijo en público: “El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable. Si los ríos se enrojecen y se extienden los valles poblados de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra. Me duele decirlo: un gobierno que se valora por su imagen, es un gobierno frívolo. Pesadas tareas nos esperan a los periodistas. Esta es nuestra pasión”.
Descanse en paz, Julio Scherer García.

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