Alebrijes, Oaxaca, Oaxaca © Bruno Pérez Chávez

Al café de la mañana

Periodismo de tentación

Publicado el: 28 de Agosto, 2014

Transcurría el viernes 11 de octubre de 2013. Mi último día en la redacción de Newsweek en Español. Durante un año y seis meses escribí alrededor de 50 reportajes, los más impactantes, relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico. Siempre supe el riesgo que traía consigo adentrarse a temas tan candentes, y más en un país como México, la región donde ejercer el periodismo –según la organización Reporteros Sin Fronteras– es más peligroso que en cualquier otra parte del mundo, eso incluye a Irak, el país que en 2003 fue blanco de Estados Unidos en una guerra que duró 8 años. La causa, los presuntos nexos terroristas que originaron los atentados del 11 de septiembre de 2001, y que ahora, se justificaban mediante un desmedido ataque a aquella población al suroeste de Asia. A diferencia de los gringos, esa tarde yo había sido fulminado de la batalla periodística, al menos en esta publicación semanal y en un impreciso día de octubre que terminaba –como la mayoría de ellos– en una cafetería de la colonia Condesa.

–¿Trabajas en Newsweek?, preguntó con escepticismo la chica que estaba sentada frente a mi.

–Si, bueno… hoy fue mi último día, respondí sin perder de vista la libreta donde anotaba algunos datos del libro que estaba leyendo: “Narcoleaks” de Wilbert Torre.

En la mesa que separaba los dos sillones de un par de nuevos desconocidos, había una decena de revistas. Antes de salir de la redacción, había recolectado algunas portadas que me hacían falta para mi colección. Ella empezó a hojear una de las tantas publicaciones mientras yo seguía inmerso en los costos y las rutas de la cocaína en México y Estados Unidos. Nuevamente interrumpió: –¿No te da miedo salir a la calle con imágenes tan sugestivas como la portada de ese libro, o como esta otra, una foto de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán?

–No tengo un vínculo directo con ellos, dije.

Ella soltó una leve carcajada y yo cerré mi libro.

–Soy José Luis, mucho gusto.

–Soy Karen y no escribo de narcotráfico, se anticipó.

–Me gusta la mala vida, es lo que dicen mis amigos.

–¿Te han amenazado?, preguntó curiosa.

–Hasta ahora no y me siento afortunado.

–Deberías de dejar el tema, incomoda a mucha gente, advirtió Karen mientras bebía un té verde.

–Es posible, pero alguien tiene que decirlo, ¿no crees?

–¿A cambio de tu vida?, remató.

El silencio inundó la pequeña sala atrayendo la atención de las ocho personas que estábamos en aquel lugar. Las miradas eran para ella. La incomodidad para mi.

–No me detengo a pensar en eso, respondí mientras daba un largo sorbo a mi capuchino incorporándome a mi lectura, anhelando acabar con la conversación.

–Piensa bien lo que escribes, esto no es un juego.

Ella tomó su bolsa y salió de la cafetería.

Ahora las dudas llegaban a mi, y yo sin entender, me preguntaba el por qué de las palabras de una desconocida.

Al parecer una amenaza. Quizá un buen consejo. No lo sé. ¿Debía dejar de escribir de narcotráfico? Unos segundos después salí discretamente del lugar y no hallé a Karen. Todo era muy extraño.

Regresé y pagué la cuenta. A mi paso sobre la calle de Ámsterdam, era inevitable voltear para cerciorarme de que nadie me viniera siguiendo. Llegué a casa. Casi no dormí. Pero de algo estaba seguro, al día siguiente volvería al lugar a averiguar un caso tan improbable que sucedió al pie de mi despido, al café de la mañana.

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