Texto de Entrevista por Luis Jorge Arnau

Publicado el: 06 de Junio, 2016

Hablar con un músico excepcional permite abrir la puerta a nuevos sentimientos y a descubrir los incomparables caminos que recorre la música. Eso sucedió con Ernesto, uno de los músicos más reconocidos en nuestro universo musical. Cantante, arreglista, compositor, productor, guitarrista, violista, violinista, Anaya es un personaje multifacético, referente en nuestra música desde hace treinta años.
Dicen que nací un 10 de febrero de 1962, pero yo no me acuerdo. Lo que sí sé es que desde los cinco años yo andaba o tras una niña o tras un instrumento musical y, para los once años, ya tenía un grupo musical con mi hermano. Y, aunque es difícil decir a partir de cuándo me gustó la música tradicional, creo que el amor al son huasteco empezó al escuchar un disco del grupo Chicontepec de nombre El Fandanguito.
Para Ernesto, y esto es evidente, no sólo al escucharlo cantar sino cuando habla, la música es su mundo: La música fue la responsable de mi desarrollo. La guitarra transformó mi mutismo, me abrió las puertas a la aceptación grupal y me ayudó a hablar, porque tartamudeaba mucho, excepto cuando cantaba. Juan Martínez (mi mejor amigo de la infancia) y yo tocábamos todo el día y de todo: Crosby Stills, Nash & Young; Jethro Tull; Jesucristo Superestrella; aunque también tomaba clases con Gerardo Tamez en donde ensayaban Los Folkloristas. Ahí conocí la guitarra chamula, la huapanguera, la jarana, y el mundo se abrió. Era un adolescente cuando conocí a Lucas Hernández, quien tenía un grupo que tocaba huasteco; con él, con mi hermano, Francisco García y yo formamos el Grupo Zacamandu y viajamos por la Huasteca en un recorrido maravilloso. Ahí empecé a descubrir el enorme valor de los huapangos y los sones.
Al terminar la prepa entré a la UAM, pero me di cuenta que no era lo mío y decidí cambiarme a la Escuela Nacional de Música. Mi primer trabajo fue con Alma Velasco recorriendo muchos lugares de la República, en un espectáculo llamado “Así cantaba México”. Tendría 19 o 20 años, aunque lo anecdótico es que la primera vez que gané dinero en el escenario no fue cantando, sino actuando en teatro en El circo de los animales, metido dentro de una botarga.

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