El Libro Vaquero

Historias a la mexicana

Literatura

Texto de Carlos Eduardo Díaz

Publicado el: 30 de Marzo, 2015

Afirmar que los mexicanos no leemos es una rotunda falsedad. Sostener que leemos poco es una verdad a medias. ¿Qué sucede entonces? El escenario real indica que en nuestro país se lee, y mucho. Tal vez no podamos hablar de la clase de lecturas que quisieran los intelectuales o los promotores culturales, pero el simple acto de leer, el que incluye a un ser humano con un texto frente a sus ojos, se lleva a cabo prácticamente en todos los hogares y todos los días.

Si revisamos las listas de los libros más vendidos que difunden algunas librerías veremos que los primeros lugares los ocupan las obras que se han vuelto clásicas, casi siempre encabezadas por Cien años de soledad. A la par, aparecen libros de autoayuda o aquellos que son catalogados como “literatura light”; es decir, textos sencillos de leer, de fácil comprensión, que están diseñados de principio a fin para ser devorados pero casi nunca trascender. Si consideramos también las revistas de consulta general (las que podemos encontrar en consultorios médicos) o que tratan sobre la farándula o de hechos sobrenaturales, encontramos que, en efecto, los mexicanos leemos, y mucho. Insisto, tal vez no se trata de las lecturas que son deseables para aumentar el nivel cultural de los ciudadanos, pero afirmar que “los mexicanos no leen” es mentira.

Existe una obra que durante tres décadas y media ha ostentado el primer lugar de lectura en nuestro país. Una obra que posee demasiados estigmas. Una obra menospreciada, denigrada, señalada incluso como “revistucha para nacos”.

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Más allá de todos los clichés y de todas las malas voluntades con las que suele atacársele, resulta interesante revisar algunos datos de esta obra, la cual, sin duda, prácticamente todos conocemos y la mayoría de nosotros hemos hojeado al menos una vez. ¿Cuál es la importancia de tomarla en cuenta? Que estamos hablando, ni más ni menos, de la obra impresa más difundida en nuestro país: El Libro Vaquero. Ofrezco algunos datos que me parecen relevantes:

El primer número salió a la venta el 23 de noviembre de 1978. Entre las novedades que ofrecía era su tamaño; un formato de bolsillo. A esto se debe el que no pocos de sus lectores lo guarden en el bolsillo trasero del pantalón, lo cual se ha convertido en otro de los clichés que envuelven a la publicación. Aunque existían libros de historietas con temas del oeste, los editores se fijaron una meta: humanizar al cowboy. Si El Llanero Solitario era un hombre misterioso cuyo destino trágico era precisamente la soledad, El Libro Vaquero ofreció otro punto de vista, de acuerdo con el perfil de los lectores mexicanos: héroes enamoradizos y cachondos. Así es, dos puntos esenciales de esta publicación son los temas románticos y el sexo, con una limitante: no se permiten los desnudos integrales, pero la violencia es parte indispensable de su esencia.

Aunque sus tramas se ubican en el oeste estadounidense del siglo XIX, las mujeres que protagonizan las historias muestras notorios escotes, que no se usaban en aquella época. Más allá de la simple anécdota, esto es relevante, pues otro de los propósitos tanto de los editores como de los dibujantes es respetar los detalles históricos, sobre todo los que se refieren a las tribus indias: los dibujantes investigan la vestimenta de cada grupo étnico mencionado, pues consideran una falta de respeto “pintar” como apaches a todos los indios por igual.

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Cuando se puso a la venta, El Libro constaba de 128 páginas. Uno de los secretos para poderse colar entre el gusto de los consumidores fue ofrecer en cada número una historia de principio a fin. Es decir, aquí no existen las continuaciones ni los suspensos ni las segundas partes. El lector que toma un ejemplar sabe de antemano que encontrará un inicio, un desarrollo y un final.

En la actualidad, se ponen en circulación 400 mil ejemplares cada semana, aunque en fechas recientes la periodicidad se ha vuelto más flexible por cuestiones de demanda y crisis. Esto significa un dato por demás asombroso: casi 21 millones de ejemplares publicados al año. En las ciudades fronterizas del norte del país se reparten más de 300 mil ejemplares tanto de El Libro Vaquero como de uno de sus hermanos, El Libro Semanal.

En 1986 se alcanzó la cifra récord: más de un millón y medio de ejemplares impresos a la semana. Según sus propios sondeos, el 73 por ciento de sus lectores son hombres, en tanto que el 66 por ciento de quienes lo adquieren son albañiles, obreros, choferes, plomeros, artesanos y, ¡sorpresa!, amas de casa. Del mismo modo, se calcula que cada ejemplar es leído, o al menos hojeado, por cinco personas.

A lo largo de su historia han aparecido cerca de 70 revistas que la han imitado. Prácticamente todas han desaparecido.

Esta publicación se exporta con éxito a Uruguay, Argentina, Perú, Chile, Bolivia y Guatemala. Lo que sorprende a los editores es que en Cuba se vendan números atrasados, los cuales se introducen a la isla desde Quintana Roo.

En nuestros días, los editores realizan historietas bajo encargo, con el mismo tipo ilustraciones, colores y forma de diálogos, para empresas multinacionales, secretarías de Estado y dependencias de Gobierno.

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