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Ay arriba y arriba, por ti seré, por ti seré
El son jarocho y el movimiento jaranero

Flor Millán

El son jarocho es un símbolo de la música tradicional mexicana, un ícono del estado veracruzano y del folclore de México. ¿Quién no ha visto un grupo de jaraneros o escuchado La bamba?
Las raíces del son jarocho se remontan al siglo XVI pero éste sigue vigente en pleno siglo XXI. No sólo ha rebasado
las fronteras de Veracruz, sino también las internacionales.
Es un movimiento vivo y todavía se encuentra inmerso en la cultura popular mexicana.
La “zona jarocha” es la región que va desde la costa del Golfo de México, en el puerto de Veracruz, hasta Tabasco y sube hasta las tierras altas de Córdoba y Xalapa. Pero, ¿qué es un jarocho? El término alude a la actividad predominante de los afromestizos veracruzanos, a saber, la cría y conducción de ganado a punta de lanza o jara. También se cree que las jaras eran utilizadas para la pesca, por los habitantes de la cuenca del río Papaloapan.
El son jarocho tiene sus antecedentes en el inicio de la época novohispana. Como el puerto de Veracruz era el punto principal de desembarque, fue un lugar clave para que se diera este mestizaje cultural. La música popular mexicana se ha sazonado en los últimos cuatro siglos y ha sido el resultado de la mezcla de la música prehispánica, española y africana. Lo primero que se adoptó en cuanto a lo musical fueron los géneros hispánicos literarios y musicales. Sin embargo, la raíz cultural afromestiza tuvo mucho peso musical. La inspiración indígena en el son se ve en lo temático cuando se habla de la naturaleza y el ambiente que los rodea. Así existen los sones Las moscas, El mosquito, El canario, La guacamaya, La iguana, etcétera.
Los africanos, al llegar a México en condición de esclavos, se vieron reprimidos en sus expresiones culturales. Aunque sus rituales no se permitían, encontraron un espacio en el canto, que en ocasiones se combinaba con los ritos indígenas o con la liturgia católica. Por ello, los ritmos africanos se fusionaron tan bien con los fandangos y seguidillas españolas. Pero, se considera que mucha de la música veracruzana tiene un antecedente directo de la música afroantillana, pues por lo general, los esclavos que llegaban a México no venían directamente de África, sino de las Antillas.
Para subir al cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita
La música es el ingrediente del son, donde los que no pueden faltar en un conjunto jarocho son los instrumentos tradicionales. El arpa jarocha, de 32 a 36 cuerdas, es el instrumento indispensable. La jarana, que tiene entre ocho y doce cuerdas, es tocada en un estilo conocido como el “rasgueo”. Hay varios tamaños de jarana, la más chica es conocida como “mosquitos”; también se usa un bajo conocido como “la liona” o “guitarrón jarocho”. El requinto jarocho también es conocido como “jabalina” o “guitarra de son”. Este instrumento se toca con una púa construida de cuerno de vaca o plástico. Aunque hay varios tipos de este requinto, los más populares son los “vaciados”, hechos de una pieza sólida de cedro.




 
Los versos de los sones, alegres, chuscos o picantes, también tienen sus reglas. Las letras de los sones están escritas en décimas, es decir, estrofas de diez versos, todos de ocho sílabas. Actualmente hay concursos de décimas, algunas con música, otras sólo para ser leídas y recitadas. El creador de versos, el trovador, puede preparar sus versos con anticipación o crearlos en el momento y según la ocasión. El improvisador o repentista tiene que recitar al son que le toquen. Las temáticas más recurrentes de los sones son las mujeres, el amor, la alegría, la desgracia, la tristeza o la pasión. Hay letras muy festivas y otras que tienen tema de cortejo; por lo general, éstas son las más picantes. “Quisiera ser gorroncillo de las altas barranqueras y así pegar un brinquito, caer en tu cabellera y colmarte de besitos en donde nadie nos viera”.
El son jarocho se baila zapateado y muchas veces se baila en pareja. En los huapangos o fandangos se baila sobre una tarima y ésta sirve como instrumento musical por el sonido que se produce con el golpeteo. Muchas veces, la danza es un baile de cortejo, donde hombres y mujeres simulan un coqueteo alterno. Aunque se ha generalizado la idea que el zapateo y el uso de la tarima tienen su origen en Europa, específicamente en España, también hay otros bailes que golpean el suelo con los pies y responden a un fenómeno anatómico, casi universal. Incluso, existe la idea que los esclavos africanos volteaban las canoas y bailaban sobre ellas como mecanismo de percusión. Además de ser un regalo para la vista, el baile crea música y su sonido contagioso invita a mover los pies.


 

Es un son de candela, es un saca y un mete

La palabra huapango viene del náhuatl huapantli, que significa“tabla de madera“. El nombre se deriva de la costumbre de bailar el son local sobre una tarima y también es el nombre regional del son huasteco. En los Tuxtlas, se puede hablar indistintamente del fandango y huapango, éstos se refieren a la música que se acompaña con zapateado e instrumentos de cuerdas propios de la región. En términos jarochos, un fandango implica un acontecimiento y no sólo la pieza musical. Los fandangos actuales de Veracruz tienen la presencia de sones de pareja y sones de montón; en los segundos bailan exclusivamente mujeres. El fandango es un evento en el que se bebe, come, canta y baila. Además, para que un son sea considerado como tal debe ser incorporado al fandango y sobre todo, debe plantear una manera de bailarse, de lo contrario será sólo una canción.
 

El estilo típico del son jarocho que predominó a mediados del siglo XX
sirvió como reivindicación de “lo mexicano” en un momento histórico en el cual varias instituciones buscaban fortalecer todo lo que sirviera como símbolo nacional, promoviendo un conjunto de formas de música y danza tradicional que fueron adaptadas para el escenario. Además del valor artístico del son jarocho, el calor de toda la fiesta en torno suyo es donde está en verdad la magia.Ay les pido y les pido de compasión, que se acabé la bamba y venga otro sonEl son jarocho y la fiesta del fandango empezaron a perder popularidad y alcance a mediados del siglo XX. Sólo se hacía de manera local en algunas comunidades veracruzanas. Pero a partir de los ochenta, el movimiento jaranero volvió a tomar fuerza y se popularizó fuera de la región jarocha; ha trascendido las fronteras regionales y nacionales, ha llegado a los medios de comunicación masiva y está presente en las rancherías y las grandes ciudades, en el espacio cibernético y en la mitología comunitaria.
Mucha gente contribuye con el movimiento jaranero y la promoción del son jarocho; las nuevas generaciones son invitadas a participar en talleres de canto, danza, versada e interpretación de música jarocha. Cada año hay un encuentro de jaraneros y decimistas en Tlacotalpan, Veracruz y un encuentro de jaraneros juvenil e infantil en Santiago de Tuxtla. Por eso es que hoy día podemos escuchar música jarocha producida por grupos nuevos.


En el caso del movimiento jaranero, su renacimiento no sólo se dio por parte de los organismos culturales, sino de una forma más natural por los propios grupos jaraneros, lo que demuestra que es un movimiento vivo en el pueblo mexicano.
No podemos hablar de la reivindicación del son jarocho sin mencionar al grupo Mono Blanco que desde 1977 ha participado en la promoción de la música jarocha. Grupos como éste han sido clave para la promoción del movimiento, creando música, impartiendo tallares y participando en festivales culturales de México y otros países.
La mayoría de los grupos jaraneros son veracruzanos, aunque también se hace son en otras partes, por ejemplo, el grupo Chejeré es de la Ciudad de México y no por eso es menos jarocho. Sus integrantes han fusionado música veracruzana con sus influencias antillanas y sudamericanas. Otros grupos también mezclan su son con salsa, jazz, blues y hasta música clásica o electrónica. Sin embargo no deja de sonar jarocha su música. Algunos dirían que esta mezcla musical haría un son menos puro por alejarse de lo tradicional. Sin embargo, no podemos olvidar que el son jarocho nació como la unión de distintas corrientes culturales. El movimiento jaranero no se limita a una única y exclusiva forma de tocar los sones. Hay conjuntos que mantienen un estilo más clásico en sus ritmos, como Son de madera, o quienes utilizan instrumentos fabricados de una manera ortodoxa, como lo hacen Los Utrera. Pero también encontramos que se pueden integrar instrumentos como bajo eléctrico o batería que usualmente no identificamos con el son jarocho.
En el caso específico del son jarocho hay un movimiento vigente. Actualmente se tocan sones, la gente asiste a fandangos, se está creando música jarocha y el movimiento jaranero está vivo en la tradición mexicana. Lo jarocho se lleva en la sangre. Más que un gentilicio es una manera de sentir. Es una forma de componer, de tocar y de bailar, es la manera de vivir la fiesta, de mezclar los versos, las bromas y hasta los albures, con la música y con la vida.

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