Alí Chumacero

Poeta, tipógrafo, ser humano

Texto de Alejandro Toussaint

Publicado el: 16 de Febrero, 2015

Nació en Acaponeta, Nayarit, en 1918. Fue becario de El Colegio de México y del Centro de Escritores. Su labor editorial y crítica fue esencial en la actividad cultural mexicana. Recibió los premios Xavier Villaurrutia (1984) Internacional Alfonso Reyes (1986), Nacional de Ciencias y Artes (1987) y Belisario Domínguez (1996). José Emilio Pacheco escribiría sobre él: “Será difícil hallar un comentario sobre Alí Chumacero que no se asombre ante el contraste entre una actitud personal amable y expansiva, antisolemne mucho antes de que se inventara el concepto mismo de antisolemnidad, y una obra tan austera y doliente como la suya”.

Alí Chumacero

Nada mejor para hablar sobre la poesía del gran Chumacero que su propia poesía. A continuación presentamos algunos fragmentos de sus poemas.

De “Mujer en la playa”
Las montañas distantes, impasibles,
elevan mi poema. Tú, desnuda
y transparente, deshaciéndote
en vigorosos pétalos,
en mi poesía recostada.

De “Espejo de zozobra”
Me miro frente a mí, rendido,
escuchando latir mi propia sangre,
con la atención desnuda
del que espera encontrarse en un espejo
o en el fondo del agua…

De “La forma del vacío”
Puedo encontrar las huellas que abandono:
la mujer que una vez amaba,
sus brazos, sus cansancios, su mirada
y su visible pensamiento,
olvidada columna en mi memoria,
y todo lo que puedo enumerar:
la tarde que a su lado había,
la noche de su voz y la desierta
despedida de entonces. 

De “Viaje en el tiempo”
Más crueles que el amor, el tiempo y el olvido:
inmóviles viajeros, dueños de los espacios
y amantes de los rostros muertos en la ceniza,
cubren de ausencia el mundo y sus continuas lágrimas. 

Poesía Alí Chumacero

De “El orbe de la danza”
Mueve los aires, torna en fuego
su propia mansedumbre: el frío
va al asombro y el resplandor
a música es llevado. Nadie
respira, nadie piensa y sólo
el ondear de las miradas
luce como una cabellera.
En la sala el mármol
su orden recobrado, gime
el río de ceniza y cubre
rostros y trajes y humedad. 

De “Al monumento de un poeta”
Vestigio de la paz, su canto ordena
la trágica armonía y niega el mundo
que a solas levantó con la palabra.

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